Creo que la piña se ha convertido en una especie de fetiche en mi vida, me encanta como queda una piña en la estantería de mi salón, en serio, me flipa. La piña es como un elemento de decoración entre kitsch y hortera (bueno, kitsch en realidad significa eso pero cuando lo haces con clase... o no) en fin, que me ha dado por fotografiar piñas y he tenido que hacer esta tarta de piña, versión invertida.
Y diréis ¿qué es una tarta invertida? pues es un upside down cake, o sea, un pastel boca abajo. ¡mola eh! Pues éste ha sido el reto del mes de un grupo de chalados del postre y no podía fallar, así que he aquí mi aportación: un pastel de piña y jengibre invertido. ¡Qué bonito, qué buenito y qué chulo de hacer! Debo confesar que parte de esta obsesión me la ha pegado Miranda, la sigo en su blog e instagram y le he visto piñas por todas partes y cuando vi esta receta en la última revista de Donna Hay vi la luz!
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