Vivir en Barcelona es un privilegio y un lujo, un lujo al alcance de muchos. Solo tenéis que ver estas imágenes. Una terraza con olor a mar y tacto de arena, una puesta de sol con infinidad de tonalidades, una copa de Cava, rumor de oleaje, muchos silencios en invierno, ajetreo playero en verano, olores que se recuerdan con los ojos cerrados... Todo esto lo tenemos a dos pasos de Barcelona, y tiene un nombre: Barracuda, el restaurante a pie de playa de Castelldefels.
Desde que era una niña, siempre he ido a la playa de Castelldefels con mi familia materna. Sus playas están a tan solo quince minutos de Barcelona y tiene varios restaurantes con un pie en la arena. Recuerdo con especial cariño el restaurante Patricio, que por una de estas leyes incomprensibles fue derribado y con él se fueron las imágenes de mi abuelo fumando su Habanos y comiéndose un helado Comtessa mientras mi hermano y yo hacíamos las clásicas mezclas de café con ceniza, aceite de oliva y tropezones varios que encontrábamos por la mesa y mi abuelo, muy digno él, se bebía y de verdad ante nuestros ojos atónitos.