11 junio 2020

Historia de nuestro parto en casa


Sé que hace mucho que os prometí este relato, demasiado. Hoy hace exactamente dos años que nació Maia. Un 11 de junio, a las 6:09 de la mañana, salía de dentro de mí tras una última contracción, mágica y poderosa, en casa, en el agua.

Después de tener a Lucas, 8 años antes de este embarazo, de forma totalmente natural y respetada, con la única mirada atenta de su padre, la comadrona y Ginecologo como meros espectadores, decidí parir igual pero en mi casa. Y así fue.

Lo primero que tengo que decir es que busqué al mejor equipo de comadronas que podía encontrar, Titania-Tascó.  Desde que fui a verlas supe que pariría con una de ellas, en una piscina de partos en casa. Lo tenía claro y Yago me acompañó en mi decisión. Como es de imaginar, familia y amigos se echaban las manos a la cabeza, no les culpo, el desconocimiento sobre el tema es tan grande y el miedo que nos han metido sobre los partos es tal, que no puedo culparles. Pero ya tenía 38 años, un parto anterior perfecto sin epidural a mis espaldas y un embarazo de bajo riesgo así que no había otra opción en mi cabeza.

Semana 39+6 (día antes de salir de cuentas).
Estábamos sin los niños mayores, solos en casa. Como era habitual durante este embarazo, Yago y yo tuvimos relaciones (sí, he tenido un embarazo de lo más sexual) y me quedé dormida justo después de habernos acostado. ¿Sabéis que el esperma del hombre es oxitocina natural y es fantástico para ayudar a desarrollar el parto? Mis dos partos empezaron igual, aviso ;-)

Por la mañana, día que salía de cuentas, saqué el tapón mucoso, hasta aquí todo igual que mi primer parto. Con la diferencia que el tapón venía con más sangre que el primero y me asusté pues iba perdiendo sangre durante la mañana. Enseguida llamé a las comadronas de guardia y me dijeron que era totalmente normal, que no me preocupase para nada, que la cantidad de sangre que sacaba entraba dentro de lo normal.

Nos fuimos a caminar Yago y yo a la carretera de las aguas, sentí alguna contracción muy muy suave. Sabía que el bebé (no sabíamos el sexo todavía) vendría en los próximos días.

Volví a casa, descansé y empecé a notar alguna contracción suelta pero poco constante. Llamé al padre de mi hijo Mayor y le pedí que me lo trajera, que esa noche iba a parir y quería que estuviese (yo tan segura de mí misma). Así lo hizo. Esa tarde, disfruté de Lucas muchísimo, preparamos galletas y horneé boniatos (sí, me puse a cocinar en plenas contracciones, por si no lo sabíais, cocinar nos hace segregar oxitocina, la hormona del amor, la hormona para parir), y éstas empezaron a repetirse cada 6 minutos o así. Nos hicimos fotos con la barriga, Lucas se despidió de ella (de la barriga). Llamé a las comadronas y me dijeron que vendrían sobre las 22h...

Acosté a Lucas en su habitación y al bajar al salón, Yago lo había preparado todo, apartó los sofás, encendió velas, colocó la piscina de partos en un rincón y puso la playlist que tenía preparada para el parto. Nos abrazamos, bailamos y nos besamos. ¡Boom de oxitocina!

Llegaron las comadronas a las 22h. Me abrazaron muy fuerte, me tocaron la barriga, le hablaron al bebé y sentí paz. Sentí que era maravilloso parir así, casi lloro. Midieron la barriga, no me hicieron ningún tacto, no hacía falta. Me dijeron que fuese a la habitación a dormir un rato. No pude, tenía contracciones y estaba pensando todo el rato en los que estaban en casa y en Lucas, ahora lo pienso y debería haberme tumbado con él, mi hijo mayor me da paz, mucha.

Volví al salón, me encontré a Yago y una de las comadronas durmiendo (el día antes tuvieron otro parto de madrugada, pobrecitas).

No recuerdo la hora pero debía ser la una de la madrugada. Lucas se despertó y vino al salón. Ya no se volvió a dormir.  Me empeciné en que se durmiera (no sé por qué) y eso (lo descubrí luego) hizo que el parto se retrasase un poco. ¿Sabéis que si las hembras están pendientes de sus otras crías no pueden parir? Es increíble el instinto y es increíble lo poco que saben de esto en la mayoría de hospitales. La comadrona me dijo: olvídalo, relájate o no parirás. Así que hablé con Lucas y le pregunté qué es lo que quería hacer y me dijo que ayudarme y estar conmigo. Así que vino a ponerme su manita en los riñones y de repente entré en el planeta parto.

Me puse a bailar entre contracciones, con Yago, con la comadrona, con mi amiga Tere (vino para estar pendiente de Lucas), yo sola... sonaba mi playlist de Mantras para parir.

Las contracciones

Benditas contracciones. Cuando tuve a Lucas recuerdo haberme preparado bien poco para el parto pero sabía que quería hacerlo sin ningún tipo de ayuda y así fue. A diferencia de este último, con Lucas rompí aguas muy pronto y recuerdo las contracciones mucho más bestias. En este parto bailé y me moví mucho. Viví las contracciones como regalos, cada una me acercaba más a mi bebé y pensé una cosa que me dijo una de las comadronas: una contracción en realidad es una expansión. Visualiza como te abres y no te contraigas. Así lo hice.
Durante cada contracción Cantaba “aaaaaaaooooooaaaaaaahhhhhhh” como si fuera el “ooommm” en yoga pero con la letra “a”. Esto lo que hace es ayudar a abrir los esfínteres y relajar el canal de parto (os recomiendo que busquéis en YouTube “la voz en el parto o la voz de la maternidad”, Magia. No tuve que hacer el curso porque aprendí a hacerlo sola en casa mientras iba al baño, probadlo.

Planeta parto

Cuando leí por primera vez este término en el libro “Parir” de Ibone Olza, entendí todo. Con Lucas recuerdo unas horas antes del expulsivo que estuve como ida, en la habitación de aquella clínica pequeñita con su padre y la doula, recuerdo estar drogada perdida, ojos en blanco entre contracciones y mi ex diciendome: “tía parece que te hayas tomado éxtasis”
Tal cual, el planeta parto es éxtasis. No hay droga que lo iguale (lo digo con conocimiento de causa). Te vas, literal, entras en un mundo paralelo en el que estáis tú y tus contracciones, ni siquiera piensas en el bebé. Es una cosa rara. Una ida de olla. Pero es maravilloso, engancha, quiero volver a este planeta una y otra vez en mi vida. Y eso que las contracciones son cada vez más fuertes y más potentes y más largas. Algunas de más de un minuto en el que cuesta respirar y solo sacas aire con la boca bien grande porque sabes que ayuda a expandir.

En ese momento (creo que eran las 4-5 de la mañana) Tere, una de las comadronas me preguntó si quería entrar en la bañera. Me dio mucha pereza pero lo intenté, tenía muchas ganas de parir en el agua, sabía que dolería menos y que las contracciones se relajarían.

Entré en la bañera caliente y fue como una bendición. La comadrona me puso el chorro de la manguera con agua caliente en la espalda y toqué el cielo. Me puse a cuatro patas con los brazos colgando por fuera. Así entré, así me quedé y así parí.

Perdí la noción del tiempo, tenía a Yago a mi lado, dándome besos y llorando cada vez que tenía una contracción, lloraba de la emoción de admiración de amor y de pasión, tenía también a Lucas acariciándome de vez en cuando. Recuerdo apretar tan fuerte la mano de Yago... me daba fuerza, paz y me hacía sentir libre. Tenerle a mi lado fue muy importante, quería darle ese regalo, quería que viera a su mujer pariendo, como una loba, en casa, sabía que aún se iba a enamorar más de mí, no es que lo necesitase, ni mucho menos, pero me gustó sentirme así, me dio fuerza. Y él me vio como una diosa y se enamoró de la vida, se enamoró de todas las mujeres y de nuestra fuerza, se enamoró como nunca se había enamorado, y se desprendió de todos los tapujos que le habían impuesto sobre el parto y fue feliz.

El expulsivo

En pleno planeta parto (insisto en que aún nadie me había hecho un solo tacto, pues no hizo falta) la comadrona sabía cómo avanzaba el parto solo por mis gemidos y por cómo la espalda se había expandido, no sé bien cómo va esto pero recuerdo escuchar como le enseñaba mi espalda a yago y ver no sé qué huesos que se habían expandido, ahí vio que estaba ya muy dilatada.

Mi cuerpo me pedía empujar, y empujé. Recuerdo que me decían que ya se veía la cabeza. Yo seguía a cuatro patas en la bañera, todavía con la bolsa intacta. Colocaron un espejo en el agua e iluminaron con una linterna, veían una mata de pelo bailando al son de las contracciones como las algas del fondo del mar que bailan al son de las olas. Se rompió la bolsa, salió líquido amarillo, de la bolsa y...

Aquí, en este punto, me rompí, en dos, noté como si una lanza de fuego me penetraba desde el coxis y me salía por la coronilla, el fuego, el “aro de fuego”, ese momento en que la cabeza del bebé pasa por el periné, me maldije en voz alta, grité y dije que entendía la puta epidural, que la entendía y que la quería, pero eso fueron solo 5 segundos. Y entonces escuché a Lucas decir: “qué cucada”. Había salido la cabeza. Y empujé una vez más, y mi bebé salió escurridizo, y yo seguía de rodillas con los brazos apoyados en la bañera.

Levante el cuerpo, aún de rodillas, y agarré a mi bebé por delante y me lo puse en mi pecho y me senté apoyada en la piscina. Y ya no hubo dolor. Reinó La Paz. Y mi bebé abrió los ojos nos miramos, y nos enamoramos. Yago lloraba, Lucas era feliz, y mi amiga Tere también lloraba e iba diciendo: eres una jabata, qué bestia eres tía!

Entonces la comadrona vino a hacerle el test de apgar, con el bebé encima mío, nadie se lo llevó, nadie lo lavó, nadie le vistió ni le perfumó. Entonces lloró tan fuerte que yo lloré. Lloré de amor a la vida. Y Yago pregintó: ¿es Maia? Aún no sabíamos el sexo. Y miré, efectivamente, era Maia. La agarré de la cabeza por detrás y la hundí por las orejas en el agua haciéndola bailar con movimientos muy suaves, con las orejas dentro del agua y el resto del cuerpo también, y se relajó y paró de llorar. Entonces noté una contracción y empecé a expulsar la maravillosa placenta. La placenta. Bella placenta. Intacta, inmaculada, con sus ramas y raíces, todas ellas proveedoras de vida y creadoras de vida, esto es para mí, la verdadera religión, la Magia de la naturaleza y la sabiduría del cuerpo.

Ese día casi no hubo visitas, vinieron las abuelas, Berta (hija mayor de Yago que no pudo estar en el parto) y ya. Luego se fueron todos y nos quedamos Yago, Maia y yo. Nuestra pequeña familia había nacido. Esa noche dormimos todos juntos y a día de hoy, casi dos años después, seguimos haciéndolo, dormir juntos todos.

Desde aquí os animo a que no juzguéis si antes no os habéis informado, no juzguéis a una madre por querer parir en casa porque seguramente ella sepa muchísimo más de estadísticas que vosotros, sabrá que en muchos países, la seguridad social cubre el parto en casa, sabrá que si el parto es de bajo riesgo, parir en casa acorta el tiempo del parto, reduce las episiotomies en un 99%, evita partos instrumentalizados y, lo que es más importante, sabrá que existen profesionales como la copa de un pino que llegado el momento, si el parto se complicase, te mandarían al hospital a tiempo, seguro.

Desde aquí quiero agradecer enormemente a Alba Padró por haberme recomendado a Titania-Tascó y por el trabajo que hace con la lactancia, ella me ayudó con Lucas y ahora con Maia, sin ella no hubiese llegado a los 5 años de lactancia del primero y no llevaría ya 2 años con Maia.

Agradezco también a las comadronas que llevaron el embarazo, parto y posparto: Tere y Alex, Pepi, Alina... Todas ellas de Titania-Tascó.

Y desde aquí, mando un beso enorme a todas las madres, todas, las que han dado a luz, las que no han podido dar a luz o las que no han podido llegar a conocer a los bebés que llevaban dentro. Todas y cada una de nosotras somos mágicas, paramos como paramos, hemos creado vida y somos mágicas.

Os dejo con las fotos del parto, hay muchas más pero no me he atrevido a compartirlas, jeje:





































12 comentarios:

DayanaLloria photographer dijo...

Precioso relato y fotografías

Roepunto dijo...

Bufff Carol!!!! Llevo conteniendo llanto casi toda la cuarentena. Leerte y sentirte ha sido sanador. Llorando a moco tendido te digo “que puta suerte ser mujer, parir, y dar vida” que bonito relato, no me imagino vivirlo. A 15 dias de que mi bebé haga 1 año, quizas el más dificil de mi vida, mi parto fue tan tan rapido que a veces me cuesta recordarlo. Felices dos años a las dos, a los tres, a los cinco. Feliz familia. Gracias por compartilo

Lili Belandria dijo...

Que bonito! He llorado todo el relato! Gracias por compartir lo que tienes para dar.

Mireia dijo...

Enhorabona Carolina! Quin part tan fantàstic! M'han caigut les llàgrimes d'emoció recordant els meus dos parts que també van ser a casa, així de màgics i amb l'equi de Titània també. Meravelloses Tere i Pepi! Amor incondicional cap a elles ��

SIris dijo...

Wow, impresionante. Las lágrimas salen solas leyendote. Muchas gracias por compartir un momento tan mágico. El poder de la vida es impresionante. Un abrazo a ti y tu bebé.

Unknown dijo...

Salvaje, maravilloso ❤️❤️

Cris dijo...

Que bonito! Un relato precioso y muy emocionante, se me saltan las lágrimas, gracias por compartirlo! Eres un ejemplo de mujer!!!

Unknown dijo...

Fotos preciosas y el texto..uff desgarrador!

Unknown dijo...

Gracias por compartir tan hermosas experiencias. Muy conmovedor. Felicidades

LA CARMI dijo...

Gracias por tus palabras, es un relato conmovedor. Me alegra saber que hay partos así de disfrutones

Cerrajero Puebla de la Calzada dijo...

Que gran historia prara recordar, Muchas gracias por compartir un momento tan importante con todos

Injerto Capilar Precio dijo...

Unas fotos muy bonitas una criatura preciosa�� gracias por compartir el post!

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