Septiembre es ese mes en el que todo empieza otra vez: la agenda, las prisas, los horarios... y también las buenas intenciones. Volvemos a mirar (con más cariño) lo que comemos, después de un verano lleno de helados, terrazas, picoteos a deshora y “un poquito de todo que es verano”.
Y claro, entre vuelta al trabajo, mochilas, compras, mails por responder y días eternos... el antojo dulce ¡ay, acaba por aparecer! Pero ojo: no es lo mismo caer en el primer bollo industrial que encuentras, que tener a mano algo rico, saciante y sin azúcares refinados.