Soy una de esas personas que no se puede estar una hora sin comer algo, lo confieso. Esto ha sido una de mis mayores perdiciones que me ha llevado por el camino de la amargura desde que era una niña. Cuando vivía con mi madre siempre me estaba regañando porque tenía la cabeza metida dentro de la nevera, buscando a saber qué que me llamara la atención para llevarme a la boca, ji ji; solía pillar desde una tarrina de medio kilo de helado entera a un bote de Nutella (por muy vegana que fuera) o una bandeja entera de macarrones con tomate a las seis de la tarde. Por suerte o por desgracia, una ya no tiene quince años y el cuerpo pues te pide, o exige, que comas otras cosas, más que nada que antes no engordaba un gramo y ahora no bajo ni medio. Y aquí estoy, exprimiéndome la cabeza todos los días para sustituir estos antojos que me dan a diario por snacks saludables y beneficiosos para la salud. Y aquí una de mis recetas predilectas, estas galletas de avena veganas, adaptadas con moras que cogimos nosotros mismos en Camprodón un fin de semana de otoño.
Fue un fin de semana muy especial, mi querida amiga Berta (propietaria y creadora del restaurante Parking Pizza, que os recomiendo muy mucho que probéis - pronto colgaré un post con fotos y mi opinión). Fuimos mi hijo Lucas y yo a su casa en Camprodón, fue uno de esos fines de semana en familia, con paseos, comilonas, horas en la cocina, caminatas por la montaña... Y lo que más me gusta del mundo: ir a lo alto de una colina antes de que salga el sol para ver el amanecer. El día que lo hicimos estaba el cielo bastante nublado y no vimos la salida como nos hubiera gustado pero fue igual de mágico. Mi hijo quiso acompañarnos a Berta y a mí y como un campeón se despertó a las 6 de la mañana con nosotras y subimos con un petardo en el culo para disfrutar de ese momento de luz mágico, al que no iguala ninguna puesta de sol.
*** ENGLISH RECIPE AT THE BOTTOM OF THE POST ***
Fue un fin de semana muy especial, mi querida amiga Berta (propietaria y creadora del restaurante Parking Pizza, que os recomiendo muy mucho que probéis - pronto colgaré un post con fotos y mi opinión). Fuimos mi hijo Lucas y yo a su casa en Camprodón, fue uno de esos fines de semana en familia, con paseos, comilonas, horas en la cocina, caminatas por la montaña... Y lo que más me gusta del mundo: ir a lo alto de una colina antes de que salga el sol para ver el amanecer. El día que lo hicimos estaba el cielo bastante nublado y no vimos la salida como nos hubiera gustado pero fue igual de mágico. Mi hijo quiso acompañarnos a Berta y a mí y como un campeón se despertó a las 6 de la mañana con nosotras y subimos con un petardo en el culo para disfrutar de ese momento de luz mágico, al que no iguala ninguna puesta de sol.
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